La espiritualidad bethlemita nace del ejemplo de dos grandes testigos de la caridad: el Santo Hermano Pedro de San José de Betancur y la Beata Madre María Encarnación Rosal.
Santo Hermano Pedro de San José de Betancur
El Santo Hermano Pedro nació en 1626 en Tenerife, Islas Canarias, España. Llegó a Guatemala el 18 de febrero de 1651 y vivió cerca del templo y convento de Belén. Dedicó su vida al servicio de los pobres y enfermos, fundando la Orden de Nuestra Señora de Belén. Fue canonizado por el Papa Juan Pablo II el 30 de julio de 2002.
Beata Madre María Encarnación Rosal
Nació en Quetzaltenango, Guatemala, en 1820. Ingresó al Beaterio de Belén y luego fundó una comunidad reformada con un enfoque en la educación de la niñez y la juventud. Fue beatificada por Juan Pablo II el 4 de mayo de 1997.
La espiritualidad bethlemita se inspira en la contemplación del misterio de la Encarnación y en el servicio a los más necesitados. Ese legado sigue vivo en cada aula, en cada encuentro y en cada gesto de servicio de nuestra comunidad educativa.
De Belén a Ibarra
La Congregación de las Hermanas Bethlemitas Hijas del Sagrado Corazón de Jesús ha extendido su misión educativa a diversos países. En Ibarra, la comunidad educativa Sagrado Corazón de Jesús continúa ese camino, formando a niñas y jóvenes con el ejemplo de sus fundadores y con un compromiso profundo con la vida, la fe y el conocimiento.